Pin It

Imágenes, hechos, palabras

 

 

Camilo E. Ramírez

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. 

Imágenes, hechos palabras, tres elementos que participan en cada experiencia. Mientras que las imágenes e imaginación otorgan a la realidad una cierta sensación de consistencia, al tiempo que la van creando, manufacturando, al estilo de un comercial, las palabras (conceptos, teorías, etc.) permiten el pasaje al hecho y tiempo narrado, con sus ritmos de exposición y argumentación; en caso de que las imágenes se tomen como único referente, EL referente, “la verdadera realidad” (Sartori, G. Homo Videns) las palabras permiten salir a otra dimensión, quitarle lo definitivo y categórico de las aplastantes imágenes, ello no implica que se hagan usos y abusos, como cuando se quiere hablar dictando y pontificando todo, otorgando a las palabras una halo fundamental como se cree que poseen las imágenes. Por su parte, los hechos, son ese Real que se escapa a toda forma de imaginación y narrativa, es un núcleo duro de procesar, pero el más importante elemento singular y creativo, que sacude la supuesta primacía de las imágenes, mostrando igualmente los límites, huecos e imposibilidad estructural de poder decirlo todo con palabras. Sin embargo, éstas últimas pueden mostrar lo imposible en un juego del entre decir, como lo es la tecnología, la ciencia (y no el cientificismo) la poesía y el humor, pues reconociendo eso Real imposible de asir, se dan la tarea de mostrarlo, justamente, a través de la fragilidad y huecos que tiene la palabra, a través del entre decir, del arte del incompleto.

En ese sentido, podemos plantear, que los abordajes humanos (educación, política, ciencia, conocimiento, arte, derecho, religión, etc.) se pueden ubicar dependiendo de la predominancia a una cosa u otra: si son aproximaciones a la experiencia humana, a través de generar imágenes (esquemas, estructuras, figuras, suposiciones) cerradas para obturar y ver el mundo, sea a través de palabras (conceptos, teorías, etc.) para narrar/crear/transformar las imágenes, saliendo de su imposibilidad y destino, o formas de hacer ahí con lo incompleto (lo Real) no como falta-error, sino como falta-posibilidad de movimiento, de invención. Dos sucesos:

Un maestro observa a su alumno hacer algo que considera no adecuado, de acuerdo al reglamento de la escuela, en base a lo que dicta el momento, es decir, no está realizando la tarea que se le ha asignado hacer, por lo tanto, infiere que está ante una conducta disruptiva según la norma[1], le llama la atención y la conducta retorna al canino considerado como normal.[2] En un par de horas se vuelve a repetir, y así a lo largo de toda la semana. Al final de la semana, el viernes, el maestro considera que su estudiante posee un problema de conducta y un problema con la autoridad, habla con la coordinadora académica, así como con el personal psicológico de la escuela, en grupo, deciden dar una notificación a los padres del estudiante para tener una junta con ellos. Llega el día de la junta, reunidos el maestro, la coordinadora y la psicóloga escolar, comentan sobre lo que ha sucedido a través de una narración (palabras) donde van apareciendo conceptos psicológicos (imágenes) aderezados con la interpretación particular de quienes ahí están, sin explicitar a que se refieren, todos asumen –sea por ignorancia o por pena de no exponer la propia carencia de entendimiento- que todos saben a qué se refieren dichos conceptos; lo mismo se habla de “bajo control de impulsos”, como de “conducta negativista desafiante”, “ausencia de límites” y “necesidad de normas”, hasta de algunos posibles “rasgos de psicopatía”, “depresión”, “ansiedad”, etc. del cuidado que se debe tener en casa, del compromiso que los padres tienen que hacer con la escuela para que su hijo continúe en el plantel, por supuesto todo esto, en el contexto –se aclara- de una genuina preocupación por la detección, el bienestar y el desarrollo del estudiante y su familia. Situaciones como ésta son el pan de cada día en escuelas, colegios, secundarias, preparatorias y hasta universidades. ¿Qué podemos decir al respecto?

Por un lado tenemos ya lo que sucede, la descripción, así como la visión del reglamento, como marco normativo de derechos y obligaciones, pero ello no resuelve la cuestión, como tampoco plantear que si el estudiante hace eso ahora, qué se esperará de él cuando sea adulto, cuando esté al frente de una familia o de una empresa, dichos que cargan de temor, culpa, supuestas profecías, prejuicios, condimentados de supuesta objetividad psicológica e incluso en ocasiones psiquiátrica, usados para argumentar y sostener una decisión actual. Uno de los posibles efectos es que se haga todo eso y no vuelva a ocurrir lo que estaba aconteciendo, hecho que les daría la idea (post-tratamiento) de que estaban en lo correcto, corregimos, volvimos al buen “redil” al alumno, después, la justificación moralista: nuestros métodos, aunque no seguramente no son los mejores, quizás estamos bien o mal, son efectivos –se dirá en defensa- pero damos buenos resultados y en un mundo como el de hoy, en una institución con tanta gente, es importante hacer siempre…… y demás bla bla bla. Sin embargo sigue sin saberse, ¿qué sucede? Solo hay un bombardeo de imágenes y palabras, improntas que se adhieren a algo y a alguien, que tiene que cambiar.

Por otro lado, si tomamos la experiencia como algo vaciado de sentido, como algo Real, donde lo que ocurre no es visto como un hecho del contexto moral-figuras de autoridad-reglamento (una falta de respeto al maestro y los valores de la escuela) o un signo de claro trastorno psicológico, sino como algo sin sentido, algo del orden de lo Real,[3] que por la forma de presentación, su contexto singular de ocurrencia, porta un elemento singular de la persona. Ello requeriría que el docente y la escuela, se des-localicen en ese lazo social donde se colocan en el rol de agentes que sólo prohíben y regañan, figuras que viven atadas al reclamo, estilo berrinche, ¡Respeten mi autoridad! que ya dijimos, producen paradójicamente, aquello que están buscando evitar, promueven “eso” que están regañando, esos asuntos que se hablan en las juntas, que se escriben en los reportes, que hace perder mucho tiempo, esfuerzo y de paso recursos económicos. Ya que, por más increíble que parezca, es más costoso en todos los aspectos, operar con modelos teóricos-técnicos-psico-educativos en masa, en base a una estrategia y teoría aplicada, que la atención a la singularidad de cada persona, de cada estudiante, a eso que se porta, que no tiene nombre ni nunca tendrá, que no puede conocerse a través de una reducción en una categoría, tabla o cifra, sino a través de poder conocer el sentido y función de eso que ocurre de manera individual, persona por persona, contexto a contexto.

En una empresa, un gerente, desde hace tiempo, emprende acciones únicas para realizar la operación de su departamento, con unos excelentes resultados. Hecho que es señalado por algunos como desviación de las estrategias y protocolos ya establecidos desde hace varios años. A pesar de los beneficios, ello es denunciado por algunos como “juego sucio”, “posible fraude a las políticas de la empresa”, también se destaca  “pensar por su cuenta”, “saltarse la autoridad”, etc. Recursos Humanos recibe las diversas quejas, las agrupa y las pasa más arriba para que el gerente sea citado. El desenlace es  una llamada de atención, no obstante felicitarle por los resultados, le prohíben la novedosa modificación a los protocolos, sin escuchar ni dar oportunidad a que presente en qué consisten tales cambios, ello debido a que le dicen que “siempre se ha hecho así, por algo están esas políticas estandarizadas” Por otro lado le indican que se entreviste con recursos humanos (RH) quienes tendrán la labor de calmarle y hacerle entender la decisión en beneficio de él y la empresa. En esa entrevista el gerente finalmente es escuchado y le permiten exponer a detalle las modificaciones que ha realizado en la operación, comenta que fue teniendo algunas ocurrencias, consultó algunas fuentes, les dio su giro, su equipo le dio muchas ideas, todos aportaron, su relación laboral ya no fue dictada desde arriba hacia abajo, sino horizontal, como equipo; recursos humanos, le escucha y toma nota, se aclaran muchas ideas; posteriormente RH cita a junta de consejo directivo donde expone la necesaria revisión a la luz de dichos hallazgos, a fin de incluir en los procedimientos la invención del gerente, en unos meses aquella “desviación a los protocolos” pasa a ser parte de la cultura corporativa y comienza la capacitación; el lazo corporativo ahora más flexible, está dispuesta a innovar a través de las propuestas (singularidad) que realizan sus empleados, la empresa se transforma a través de un punto singular. 

 

 



[1] Toda norma, toda ley, construye al mismo tiempo, el objeto de deseo. Desde San Pablo, hasta el psicoanálisis es bien sabido que toda ley produce una relación con el objeto de deseo. De ahí que a mayor imposición o prohibición de algo, se produce precisamente –curiosa y paradójicamente- eso que se deseaba prohibir, ¿Recuerdan los tiempos de prohibición del alcohol en EUA? Elemento que a menudo pasa desapercibido por  gobiernos, escuelas y padres de familia, quienes basan su relación con el otro a través de la prohibición, producen lo contrario que quieren producir, al tiempo que no promueven un lazo social donde sea eje la responsabilidad y no la transgresión y la culpa.  (Cfr. Jonas, Hans El principio de responsabilidad: ensayo de una ética para la civilización tecnológica. Herder, 1995)

[2] “Y bien, hay dos etimologías del verbo educar: una es, traerlo al camino correcto, me parece que ésta es una definición antigua, represiva, disciplinar, de la educación, otra es caracterizada por la proximidad, del término educere al término seducere, que  significa apartar, descentrar, exponer, cuando hay un verdadero encuentro con la palabra hacemos la experiencia de encontrar mundos que no imaginábamos, que no habíamos visto antes” Del original en italiano. Entrevista a Massimo Recalcati. Radio Kennedy www.voicebookradio.com (Visto en SoundCloud, enero 2016)

[3] Nos referimos a la noción de lo Real, desplegado en el trabajo del psicoanalista francés Jacques Lacan. 


 

Pin It

Del insulto y del halago 

 


Camilo E. Ramírez 
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

El insulto, como el halago, poseen la misma estructura: son dirigidos a la imagen ideal de sí mismo, el cuerpo es tocado por esas palabras de manera especial y son sumamente moralistas; sea haciendo aparecer la noción de un defecto o falta que no debería estar ahí o exaltando una virtud; se juega en ellos una dupla reconocimiento/no reconocimiento, ser/no ser. Aceptar una cosa u otra implica quedar capturado (identificado) a una imagen moral-exterior a sí mismo: “Tú eres/debes ser eso” que se replica en “Yo debo/ser eso”.
 
Recibir una palabra de alguien es de alguna forma recibir un bautizo (etiqueta) experiencia que en algunas personas puede producir enojo, angustia, así como tranquilidad -momentánea- si lo que se recibe gusta/no gusta de sí.
 
Insulto, insultar, “saltar arriba de alguien” funciona como recibir/dar un nuevo-nombre, desafectarse de ello es posible gracias a la operación de desautorizar -eso no quiere decir necesariamente que uno vaya por la vida rechazando elogios o indultos, pues al hacerlo se corre el riesgo de habitar en sus laberintos , sentir que no se es nada- cualquier forma de elogio o insulto como definición total de sí mismo, sino como detalle que puede ser investigado a través... ¿De qué manera me toca el cuerpo lo que oí? ¿Qué recibo del otro/qué escucho de yotro (el yo siempre es otro) cuando alguien dice algo (un insulto, un halago) donde siento que me voy a identificar? ¿Cuál es ese propio mensaje que recibo como viniendo del otro? 
 


Terremotos

Pin It
  

 por

Camilo Ramírez Garza 
 
 
Aquello que aparece como contingencia inimaginable, incalculable, que irrumpe y trastoca las vidas en un instante, partiendo un antes y un después, es una experiencia con lo Real. 
 
Freud hablaba de tres fuentes de sufrimiento: el propio cuerpo, el vínculo con los otros y la naturaleza, el mundo circundante. Tres ámbitos con los que convivimos a diario y que, como pueden otorgarnos gratas experiencias a disfrutar y explorar, con inquietudes y deseos por conocer y mejorar-las, también darnos una dosis de Real que nos toca y rebasa. Un terremotoes una experiencia de ese orden, no por nada la similitud etimología con la palabra terror, eso generado cuando se mueve la tierra en la que estamos prados; algo que comienza y deja una estela de cambios (destrucción) en aquello que se suponía -imaginariamente- estable, perenne, las casas, edificios, calles, puentes y monumentos, el cuerpo urbano que también da una cierta identidad. 
 
El terremoto es la experiencia de lo tajante de lo Real, también de la dureza del  cambio que posee cada instante. Basta con que en la profundidad se muevan las capas de la tierra para que en la superficie, experimentemos la fugacidad y fragilidad de nuestra condición, anhelos y desvelos. El evento natural, su impávido paso ante la mirada humana, surca sin preguntar, removiendo conciencias y ciudades, piedras y corazones, materia y palabras. 
 
El resto y la producción, lo que queda y se genera, tras el paso de eso silencioso que bajo la figura del movimiento telúrico, hizo crujir la tierra, generando espanto en más de uno, es algo, a la vez ligero y pesado, pero es un cansancio-debilidad, que al igual que la tierra, sacude el cuerpo humano, cuerpo erótico y de lenguaje, produce una fuerza del colectivo, del lazo-soporte con el próximo y el distante, pues las tragedias se entrelazan y hacen tejidos para soportar, subir y escalar. 
 
Eso que se sacudió en cada uno, la forma en la que cada sujeto se ve, directa o indirectamente afectado/a, por la tragedia, propia y ajena, podrá ser localizado, solo dándole lugar a esa forma singular que portamos cada uno/a, y que nos habla -como aquella canción jocosa- "¿Dónde te agarró e temblor?" Tanto en el sentido físico del lugar, como en el momento-tiempo subjetivo, único e irrepetible de mi experiencia, muy mía y de nadie más, muy de usted querido lector/a, en ¿En qué momento de su vida (dónde) lo agarró el temblor? De donde comienza o parte el verdadero viaje, respecto a poder dar lugar a ¿Qué implica para mí el terremoto? ¿De qué manera ha afectado/trastocado mi vida? ¿Cuáles serán las invenciones, singulares, que tendré que realizar para lidiar con? 
 
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
 
 


Pin It
 

You must be good!

Camilo E. Ramírez

 

 “Todos saben que la política consiste en negociar, y en su caso al por mayor, por paquetes, 

a los mismos sujetos, llamados ciudadanos, por cientos de miles

Jacques Lacan

 

Actualmente la Ciudad de México, como Oaxaca, Puebla, Morelos, entre otras entidades de la República Mexicana y el mundo, están padeciendo los efectos de terremotos y huracanes; éste hecho se suma a la oleada de catástrofes naturales, como inundaciones, deslaves, terremotos previos, etc. dejando al descubierto - todos y cada uno de ellos- las fallas, políticas y estructurales, de las ciudades afectadas.

 De igual manera se pone en evidencia algo cada que ocurre una tragedia natural: entre la asistencia a los semejantes, la ayuda y labores de rescate, vemos también la capitalización (el negocio) y politización de la tragedia, es decir, el uso del binomio terror-bondad, ya no aquel efecto del denominado terrorismo o del crimen organizado, sea de bandas criminales, informales y formales (Estado) sino una forma de reducción del discurso y la argumentación, que al show del mercado político y moral, mediático, tanto gusta, pues se nutre de crear y explotar víctimas que ellos mismos necesitan generar y mantener a perpetuidad, a fin de permitirles una cierta legitimidad en el poder. En tiempos de elecciones, se usa la pobreza que se ha creado por siempre y nunca erradicado, solicitando el voto-esperanza, “¡Ahora sí verán como todo mejora!”

 La tragedia, como el miedo, es empleada como supuesto montaje democrático, por la clase política, medios y particulares, para legitimarse en la bondad y justicia que carecen, a través de una operación de reducción ideológica, política y reflexiva, donde el discurso de solidaridad (recordemos que ese fue el slogan de campaña del sexenio de Carlos Salinas de Gortari) plantearía las bondades de todos a ayudar a todos, ¡Deja de pensar, ponte actuar!, como eslabón del permanente “Propón algo”, “¿Tu que habrías hecho?” del presidente de México, Peña Nieto) como escudo para desarmar cualquier tipo de reflexión y crítica, pues ¿Qué clase de monstruo estaría en contra de ser solidario? ¿Qué clase de sujeto no desearía ser bueno, o no llorar ante las cámaras de televisión, renunciar a donar dinero o alimento para las víctimas y los damnificados? ¡Ahora es cuando hay que ayudar, no mas bla bla bla! Por supuesto, eso no quiere decir que la vida, en el sentido más elemental, no esté en riesgo (gente atrapada en derrumbes, hambre, sed, enfermedades, desabasto de lo más básico, etc.) y que el Estado y sociedad civil, no podamos, en función de lo apremiante, organizarnos para ayudar, rescatar, atender lo más básico, etc. Pero es muy diferente, considerar que se requieren artículos básicos, servicios de atención y de rescate, a que se requiere solidaridad una  moralista que busca suspender todo juicio crítico, para dedicarse solo a sufrir, con-padecerse, reduciendo-explotando víctimas.

 “Si un meteorito amenazara con chocar la tierra, no necesitamos filosofía, sino algún artefacto tecnológico, algún cohete o bomba que lo destruya” (Slavoj Zizek)

 En emergencias, si bien hay cosas urgentes, no por ello se suspende la reflexión y planeación, la crítica y la organización, ya que, dicho sea de paso, con el solo hecho de desplegar fuerza y empuje, aún con la mejor de las intenciones, llenas de bondad e idealización, se pueden producir otras tragedias, heridos y muertes, cuales estampidas humanas que reducen y aplastan a los otros y a los recurso recabados, por un exceso incontrolable, o porque por torpeza y malos manejos (corrupción) no lleguen las donaciones a las manos de los que los requieren.

Desde hace relativamente poco tiempo, las tragedias naturales y sociales (huracanes, maremotos, terremotos, deslaves, incendios, el calentamiento global, crímenes, corrupciones de empresas y gobiernos, etc.)  como las fallas en sistemas económicos y políticos, se reinterpretan a la luz de nociones simplistas (al mal que le hemos hecho al planeta, las conductas lejos de las enseñanzas de la moralidad, etc.) más sujetas a los efectos virales de las redes sociales, que a las realidades económicas y políticas, argumentativas propias de cada una ellas, planteándose un fondo causal común a todas ellas: la culpar al sujeto, con su slogan: “Tenemos lo que nos merecemos, por como somos”  De ahí que se declaren cosas como “Por algo le sucedió eso, pues qué andaba haciendo” (ante haber padecido un crimen), “Es la madre tierra que nos está reclamando lo que le hemos hecho, se está defendiendo”, “Por eso hay que ser buenos con ella, para entonces…”

Algo difícil de aceptar es que por más que se hable, describa, piense, ore, etc. siempre habrá algo que se escapa, algo imposible de nombrar y saber, de pre-ver o anticipar, más allá o más acá de aprender e inventar tecnología de ingeniería, en arquitectura y urbanismo, por supuesto necesaria, nunca se logrará entender y controlar a completud. Tenerlo en cuenta, permite salir de la imposición moral-creadora y explotadora de víctimas, que plantea, entre muchos lugares comunes, que se tiene que ser bueno/a, hacer tal o cual cosa, para que “esto no vuelva a suceder o se reduzcan las posibilidades”, fondo psicopolítico necesario en la sociedad civil, para su control, como aquel que gustaba “pasar la factura” y responsabilidad del narco, como gran superestructura que existe gracias a la estructura del Estado, a la moral de una familia, sus padres e hijos estudiantes, haciéndoles creer que son ellos, verdaderamente, la causa de dicha empresa criminal de ganancias millonarias.

Advertir cómo opera el uso de discursos mediáticos post-tragedia (la novela familiar de la neurosis política mexicana) posibilita no quedar “secuestrado por el deber ser” de la bondad y la solidaridad sin reflexión ni crítica, con su radicalidad “¡O estás conmigo (con México) o en contra!”[1] no como decisión o posición, sino como imposición moralista de identidad que cancela y criminaliza cualquier ejercicio de reflexión y debate, pues ¿cómo vienes a decir eso, precisamente ahora que hay que ser buenos?

Es habitual que la expresión de la queja exagere mucho el dolor, hasta el punto en que este, el dolor, acaba conformándose con la exageración de la queja, aumentando el sufrimiento. Es común que las personas crean tanto en sus lamentos que acaban prestando su cuerpo, quedando dolientes, para comprobar lo que dicen.[2]

En algunas personas que atendemos en estos tiempos de la capitalización de la post-tragedia se produce una gran culpa y vergüenza por sufrir lo propio, en un intento de deslegitimación en comparación con la gran tragedia del otro (muertes, perdida de todo, casas, edificios, etc.) como si existiese un artefacto moral, un sufrinómetro universal o nacional que moralmente determinara la validez del sufrimiento padecido, cuando éste siempre es singular y único, capaz de aceptarlo o desacreditarlo, juzgándolo superfluo. Como aquellas conciencias que pretenden dictar la norma sobre lo esencial y superfluo: una persona de bajos recursos debe de primero….y luego entonces, solo entonces ir a buscar un lujo. Como si primero hay que ir por lo básico y luego por lo innecesario, cuando justamente el deseo como ridículamente para el otro y lo establecido del deber ser, como capricho, que se identifica y mal nombra como “lujo”,  puede ser algo que cree algo, que sostenga, incluso la vida, esa que se gusta pensar, con muchos errores, como vida animal.

Esta imagen, de autor desconocido, que circula por las redes, se podría bien titular "No solo de pan vive el hombre” también vive de humor, de ser reconocido y tratado, no como víctima, sino como sujeto, del que uno puede burlarse, para dignificarlo. ¡Ah que lata...! 

 

 

 


* Psicoanalista Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

[1] Frase empelada en su momento por Georoge Bush Jr en la preparación de su guerra contra el mal del mundo.

[2] Forbes, J. Basta de quejas https://redpsicoanalitica.com/tag/jorge-forbes/

 


 


Enfermedad y psicoanálisis 

Pin It
   

 

Camilo E. Ramírez Garza

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. 

 

"Hace tiempo que ya no me hago caso"

Grabriel García Márquez,

Al ser cuestionado sobre su estado ante el alzheimer que padecía. 

 

Cada enfermedad, cada malestar físico porta un efecto singular para cada uno. Las imágenes, ideas y suposiciones que cada quien va construyendo -paralelamente a la información médica de la que dispone-van dándole forma, de alguna manera, a esa nueva experiencia que rompe con una cierta seguridad y secuencia de vida (Ramírez-Garza, C, 2005 La imagen del cáncer en pacientes oncológicos: un análisis a través de la clínica psicoanalítica. Tesis de maestría. México: UANL, 2005)

En muchos casos, casi automáticamente, quien recibe un diagnóstico, asume una cierta identidad con el modelo o patrón cultural confeccionado para tal o cual enfermedad o padeci-miento. En ese sentido, la enfermedad funciona como una especie de nuevo-nombre para quien recibe un diagnóstico; desautorizar ese modelo imaginario que "cae" sobre sí, dandole forma-al-ser-con-la-enfermedad para poder inventar una forma singular de enfrentar y reinventar desde la propia singularidad, la forma de vivir dicha nueva condición, es una posibilidad de generar una postura responsable sobre nuestras decisiones, incluso sobre aquellas que pensaríamos no controlamos, como son las enfermedades. 

La resignación y la compasión son dos aspectos que participan en la facilitación de asunción de la persona de dicho modelos social "listo para llevar" (Forbes, Jorge Você sofre para não sofrer? Desautorizando o sofrimento prêt-à-porter. Barueri: Manole,2017) una especie de "fast-food" imaginario-psicológico con el cual las personas le dan sentido a la enfermedad padecida, diagnosticada: ante un diagnóstico la persona se ve desorientada sobre lo que le sucede, sobre qué es, qué implica lo que padece, experiencia que en muchos casos hace que aparezca la búsqueda de dicho modelo socialmente organizado (como se ve una perdona que padece tal o cual) como si se tratara de un disfraz, hecho es que es fortalecido por el reconocimiento social que el enfermo recibe, a través de la compasión, como amor comprensivo sobre lo que se sufre, instalándose con ello ganancias alternas de la enfermedad, finalmente se tiene un lugar en el amor del otro, además de la resignación como supuesto valor social de madurez, "solo un adulto responsable sabe aceptar el dolor que implica la vida, dejar ir" etc., etc. y demás estupideces que se dicen sin dirigirles el mejor cuestionamiento de su sentido y efectos en la vida. Gracias a esos dos elementos, la persona ahora nuevo sujeto: sujeto de la enfermedad, de la resignación y compasión, se ve en la necesidad de no abandonar esa posición de víctima que sufre a través de un modelo socialmente aceptado y reforzado, impidiéndosele incluso la mejoría, en más de un sentido.

La clínica psicoanalítica advierte de los efectos en el sujeto al asumir una imagen: quedar capturado y atrapado en ella, alienado. Las personas tienen rasgos más el sujeto no es el rasgo, podríamos decir, la persona padece una enfermedad más no es la enfermedad. Por más que le de una forma de expresión socialmente aceptada a su enfermedad, no hay ninguna  relación directa y unívoca entre la enfermedad padecida en el organismo y la forma de mostrarse, física, mental, postural, subjetivamente. De ahí la posibilidad de desautorizar esa forma de expresión y presentación de la enfermedad, dejando de "alimentarse" de la compasión y resignación, para reinventar y elegir una forma singular de soportar y atravesar eso que se vive.