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Consulta Psicológica OnLine

Dr. Camilo E. Ramírez 
Skype camilor.ramirez
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CONSULTA- CURSOS-CONFERENCIAS -INVESTIGACIÓN

 

 
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¿El miedo como virtud?

Camilo E. Ramírez
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 El miedo como organizador de la experiencia humana, de las vidas, es conservador, reductor de las posibilidades de desear y crear. Su verdad: el miedo en sí no protege de nada. El reverso de la seguridad, la inseguridad. Entre más busquemos estar seguros más inseguros nos sentiremos.
Entregar la vida y deseos a los miedos, para que se inhiban y limiten, con la supuesta "recompensa" de mantenerse seguro/a o dar a los deseos, los medios necesarios para su realización. Dos posiciones con efectos muy diferentes.
 

 

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Gritos silenciados

 


Camilo E. Ramírez

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 “Toda la psicología del yo, toda la psicología americana es un claro sistema de defensa

contra el inconsciente, contra el deseo, les asusta el deseo.

Para Lacan*, por su parte, el deseo es fuente inagotable de creación”

Massimo Recalcati

 

Una vida que no encuentra vida en la vida, que no halla una manera de sustentar y vivir un deseo, singular, propio, con el cual darle sentido a su vida. En psiquiatría le llaman depresión, nomenclatura que nunca logrará contener ni describir una vida, sino que la mide, la observa, la juzga**... Una vida que no encuentra vida en la vida, que no halla una manera de sustentar y vivir un deseo, singular, propio, con el cual darle sentido a su vida. En psiquiatría le llaman depresión, nomenclatura que no logra contener ni describir una vida, sino que la mide, la observa, la juzga...que su función es psicopatologizar/psiquitrizar las vidas.

La regulación, la vigilancia y el control nunca lograrán avivar por si mismos una vida, sino reducirla, sofocarla; alienar y callar aquel grito del deseo que, tomando la forma del síntoma, del mal llamado “trastorno”, que intentaba comunicar algo que no fue escuchado, que a pesar de su reducción, continuará hablando a través de diversas formas, como el sufrimiento, del malestar, del dolor, en el sin sentido… a la espera de ser escuchado, atendido.  

Una vida desconectada del deseo que la habita... ¿Qué poder hacer?

El camino,  lo podemos encontrar en el detalle de la singularidad, que es la historia única, irrepetible de una persona, su insustituible singularidad, y nunca una categoría ni un concepto o teoría... ahí se despliega el camino a seguir para dar con ese movimiento inagotable que es el propio deseo, la vida para sí mismo/a y no para ser vivida como obligación para algo o para alguien, ahí donde inicia el verdadero viaje. 

 

 

____________

 **Jacques Lacan, Psicoanalista francés.

*El abordaje psiquiátrico sobre lo humano consiste en atender (conceptualizar, diagnosticar y tratar) lo humano desde el punto de vista de la medicina. En ese sentido, emplea un modelo médico, el cual requiere establecer un punto previo considerado como sano (normal) Ello es claro para los principios fisiológicos y anatómicos del soma, pues se pueden establecer rangos de funcionamiento normal/anormal, a fin de medir y determinar las desviaciones de la normalidad. De ahí que la psiquiatría requiera crear el marco operacional definiendo qué es lo psíquico desde un punto de vista médico, sirviéndose de una visión reducida del cuerpo de la biología y la moral de determinada latitud y época, todo ello con un análisis estadístico que da un halo de precisión y objetividad. En ese sentido un psiquiatra puede establecer/imponer -similar a como lo hace un cardiólogo- lo que es normal/anormal, sano/enfermo en términos de conducta, afectos, pensamientos, etc. Ya que su función es adaptar y hacer funcional a una persona a una determinada moralidad y costumbres, operando con la idea de que la realidad humana es -psicológicamente hablando- UNA sola. Es decir, la que la psiquiatría y el psiquiatra planteen, descartando cada una de las singularidades y polifonías humanas.


 

¿Qué encubre la depresión? 

 

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Camilo E. Ramírez Garza

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"No estás deprimido, estás distraído"
Facundo Cabral 
 
 

La tristeza, lo mismo que la alegría, es un afecto humano que forma parte de las múltiples y muy variadas experiencias de la vida. Así como no hay alegría sin tristeza, no hay vida sin angustia. Van junto con pegado -como se dice coloquialmente. De igual forma el miedo y el terror hacía las infinitas situaciones y formas que nos encuentran, son reacciones humanas ante lo imposible de la existencia, tocan lo inefable. 

Hay miedos y angustias que paralizan, que inhiben al grado del mutismo y la petrificación del cuerpo, mientras que otros, lo energizan con sus descargas de pasión y creatividad, esos momentos en que aún se siente miedo, pero unido a la toma de conciencia del fugaz instante, entonces todo cobra un sentido nuevo, más ligero y agudo, entonces algo se nos muestra a partir de tales experiencias. 

Estar atrapado/a en el ser/decir de alguien más, expectativa imperiosa a cumplir, so pena de no lograr ser-alguien, tener una identidad, formula subjetiva, que a más de uno toma y persigue, en diferentes contextos y vínculos, de los paternos-filiales a los educativos y laborales, y cuya única respuesta, a menudo, consiste en generar un síntoma de tristeza, -depresión le nombra la psicología y psiquiatría- formalizando una pérdida de la potencia que otrora estaba ligada a los objetos del "mundo", es decir, la realidad creada para ser transitada y vivida como contexto único de lo que es nuestro mundo, pero que ahora se ausenta dejando tras de sí un cuerpo vacío para esa realidad mundo que no invita a hacer nada. Donde la llamada depresión es un intento de responder a eso del mundo que no gusta, a eso ante lo cual alguien se resiste a adaptarse, pero que todavía ignora que hacer con lo suyo, manteniéndose bajo protesta.

Podríamos decir - siendo ignorado por muchos eventos de lo "psi"- que la nomenclatura "Depresión" es un intento biopolitico, a través de la psicología y psiquiatría, de llevar el asunto del fracaso social y político al ámbito cerebral y psicológico ideal, des-cualificándolo, para cuantificarlo, haciendo hincapié en la medición de la energía, conductas y pensamientos que no deberían tenerse bajo ciertas condiciones, ya que al padecerlas, se disminuye la capacidad de trabajo, que se menciona como "ser feliz" bajo un formato preestablecido social y familiarmente. De ahí que en infinidad de casos y situaciones una depresión guarde una relación con la imposición de un proyecto familiar y/o social para uno de sus miembros, revelándose éste -sin saberlo del todo, pero intuyéndolo- mediante una reacción defensiva ante lo que rechaza, es decir, la depresión como una pérdida de potencia e interés, justamente ante lo que no interesa. "Disculpen que llegue tarde, no quería venir" expresa de manera cómica un meme que circula desde hace tiempo. ¿Y qué tal si esas experiencias que se nombran bajo el título de depresión, no fueran más que encubrimientos de proyectos que no han encontrado otros ecos? Acá ¿podemos recibir y dar cabida a dichas experiencias singulares? 

 


 

¿Psicoanalizarse?

 

 

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Camilo E. Ramírez 

 

“La promesa del psicoanálisis al sujeto es, tu no serás comparado”

Jaques Alain-Miller

 

El psicoanálisis se ocupa de eso que no anda bien en la vida, de eso que hace sufrir, que duele…a partir de lo cual se puede, no solo a pesar de eso, sino, y sobre todo con eso que se vive y aqueja, poder realizar un deseo de vida.

A diferencia de las formas de psicoterapia provenientes de diversas corrientes psicológicas y la psiquiatría, que operan –y buscan- en alguna medida, un ideal de salud y normalidad, a partir de lo cual buscan adaptar a sus pacientes a una determinada normativa de realidad, el psicoanálisis parte del reconocimiento de una vida en lo singular, con todas y cada una de sus implicaciones. En lugar de ofrecerle un problema a alguien más para que lo solucione, o nos diga que hacer, en psicoanálisis se opera un cambio de posición donde el analizante  (analizante y no paciente, pues es éste el que realiza su análisis en compañía y escucha del psicoanalista) es quien va –valga la redundancia- hablando de todo cuando ocurra a su mente, para –valga la redundancia- analizar los efectos de lo que ha visto y oído, ¡Lo que ha vivido!, a lo largo de su existencia. Pues así como “La medicina cura enfermedades, el psicoanálisis salva existencias” (Elizabeth Roudinesco)

“Hablar de todo cuanto se piense” Así sin más ni menos, ni requisitos ni peros, hablar y hablar, de esto de aquello, sin ton ni son, ser escuchado/a sin a prioris ni condiciones morales, religiosas y/o políticas, de tener que ser o cambiar tal o cual cosa para ser clasificado (diagnosticado) como normal o sano desde una óptica determinada; justo ahí, en esa escucha libre donde el otro puede encontrar-se y construirse un ser (¿O más bien advertir que es vacío?) que le permita hacer lo que desea hacer, realizar su sueño, llevar a cabo un deseo, al tiempo que se desafecta de los “fantasmas” e imaginarios que a veces pesan tanto en la vida.

No ser clasificado ni comparado es la apuesta de una escucha y, podríamos decir, una dirección, que puede encaminarnos a, sin sonar tan trascendentalmente vagos, a una liberación y conformación de acuerdo a eso que se ha descubierto que se desea ser y hacer. No es cualquier cosa poder liberarse del sufrimiento haciendo algo distinto con él. Emprender una vida en donde se ha aprendido a, gracias a los problemas, emplearlos como brújulas de vida, más que como “obstáculos” y queja eterna. Leer algo en ellos, los problemas de la existencia, además del sufrimiento que dejan tras de sí es la labor del psicoanalista, poder mostrarle al otro el sentido y significado de eso que padece, y como es, justamente, a partir de tales dificultades que se puede resolver algo en ellos y con ellos. Pues, podríamos decir, los conflictos y problemas que padecemos son al mismo tiempo un mensaje y su solución. Algo que permite “darnos por enterados” de “eso” que no vemos y que por otra vía nos es experimentado. Justo por la relación de la vida humana con el lenguaje y las imágenes. Al ser no solo grandes consumidores de imágenes y palabras, somos de igual forma constituidos por ellas, gracias a lo cual el hacer y el decir, son también palabras y actos: se dice haciendo y se hace diciendo. Descifrando el sentido –no oculto ni secreto, ni en base a una referencia clasificatoria de trastornos mentales, sino en relación con mi vida y existencia- es que se puede conocer algo de la verdad que nos construye, atraviesa y afecta, y que en algunos momentos de la vida, nos aparece bajo la forma de conflictos y problemas de vida que nos hacen sufrir. 

 


 

La duda como causa

 

 

Camilo E. Ramírez

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La duda no es una tragedia, sino siempre una posibilidad para crear, una abertura.

En un contexto histórico donde se nos plantea que los humanos debemos no tener dudas, no titubear, no tener miedos, pues son todos ellos, signos de debilidad, de in-completud, de carencia de habilidades y competencias ante tal o cual cosa, lo que falta es siempre vista como un menos, “algo me falta”, “no tengo…” creándose una serie de mercados, que venden la ilusión de poder armonizar, finalmente, con el mundo, consigo mismo, con el otro, a partir de… (las sugerencias van multiplicándose y mudando de tiempo en tiempo, para intentar responder, llenar, eso de lo que se carece) es no solamente necesario, sino vital, advertir el planteamiento de la duda y la falta como causa de la creación (deseo) y no como una tragedia.

Si se considera que la duda no es una tragedia, sino siempre una posibilidad para crear, una abertura, por donde se puede colocar en el mundo algo que se ha creado, el espacio, el vacío, lo que falta y se desea puede funcionar como un pivote, una amplificación, no una reducción angustiosa (¿Por qué  la/lo….no es perfecto/a?) donde precisamente por no estar cómodos, a-gusto, en armonía con…es que se inventa/modifica algo, se ama; en la línea del artista que crea algo, una forma particular de gozar, de producir algo nuevo a partir de un vacío, modificando con ello, en algo, las coordenadas subjetivas de la época, tanto para sí como para alguien más. Solo hay que aclarar, que ese movimiento de creación y colocación de algo en el mundo, así como su respectiva responsabilidad por lo creado, no es algo exclusivo de las artes o de las llamadas ciencias humanas, sino de toda actividad humana. 

  

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Del sufrimiento a la invención

 

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Por

Camilo E. Ramírez

 

“Antes de que yo pueda decirle algo, es preciso que haya averiguado mucho sobre usted;

 cuénteme, por favor, lo que sepa de usted mismo…

Diga, pues, todo cuanto se le pase por la  mente.

Compórtese como lo haría, por ejemplo un viajero, sentado en el tren del lado de la ventanilla

que describiera para su vecino del pasillo como cambia el paisaje a su vista”

Sigmund Freud, 1913*
 

 

Solo el amor y el humor hacen posible tratar lo intratable del sufrimiento humano; por su parte el humor y el psicoanálisis posibilitan, tomar distancia, humorística y creativa ante el pesar, de la vida, del amor…

Durante un psicoanálisis, se puede hacer el pasaje, el cambio, del síntoma como sufrimiento, al síntoma como ocasión e invención.

A partir del relato (que posibilita el encuentro, el sin sentido, la repetición, la confusión, la risa…) de una vida, así como todas sus peripecias, sin sentidos y encuentros, es que se pueden seguir las pistas, para dar con esa forma singular, insustituible, que cada sujeto porta, el deseo que nos habita.

En psicoanálisis no se trata de tomar una vida que será comparada con una “vida modelo a seguir”, un tratamiento donde todos se parezcan a un ideal (moral, psicológico, etc.) que ofrecería el psicoanalista, eje más bien de los tratamientos moralizantes, que se producen a través de una escucha disciplinadora (lo que hay que hacer/ser y lo que no hay que hacer/ser) que organizan las psicoterapias y la psiquiatría. Sino más bien, se parte del hecho de que cada vida, cada malestar, cada síntoma y  sufrimiento, poseen los rasgos singulares de una subjetividad y deseo que habita a cada cual, y que es precisamente a través de “eso que hace sufrir” que se puede “dar la vuelta” y crear algo a partir de ello.

El pesar y el hablar guardan una intima relación con el instante y creación de lo nuevo, hasta ese momento desconocido, inhibido, que requiere ser reconocido, como vía para sustentar y expresar la singularidad de cada cual, su inventiva. Es decir, crearse un nombre para sustentar su forma singular de existir, dejando caer las problemáticas y malestares provenientes de la identificación con la  imagen exterior que atrapa y aprisiona, justamente por su relación con el “deber ser”, hacerlo inoperante, diluirlo. 

 

 


 * Freud, S. Sobre la iniciación del tratamiento (nuevos consejos sobre la técnica del psicoanálisis I (1913) OC Tomo XII, p. 135

 

 

La insustituible singularidad

 

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por

Camilo E. Ramírez

 

La insustituible singularidad de cada uno, no puede ser catalogada, no es un concepto, una categoría, una tabla o revisión de manual. Algo que sabe muy bien el deseo materno: los hijos son uno por uno, cada uno es único e irrepetible. 

En eso radica la particularidad y diferencia del psicoanálisis -aquel inventado por Sigmund Freud y desarrollado por Jacques Lacan- de las psicologías y el tratamiento psiquiátrico: oír, atender lo único, mientras que aquellas siempre escuchan con oídos disciplinadores, correctores, moduladores, normalizadores de lo humano, operando una reducción a modelos previament establecidos...en base a una traducción de lo que dice el paciente a la descripción de la teoría.

En psicoanálisis nos ocupamos del uno por uno, no del sujeto atendido a través de un modelo teórico (diagnóstico y tratamiento), escuchado por "oídos disciplinadores", sino de una vida que porta un deseo particular, y que por momentos le-aqueja, produce conflictos, síntomas, a la espera de ser asumido como motor/creación.

En esa linea se pueden apreciar los síntomas y conflictos de las personas en la actualidad: vidas sometidas al imperativo del número y del "deber ser" previamente trazado, propuesto, "los oidos discipinadores".

Fracaso escolar, conflictos, aburrimiento y fastidio y violencia en las aulas, lo mismo en las empresas, en las familias...Experiencias que son causadas por una reducción de las vidas a una sola, con toda una serie de requisitos a cumplir, que terminan cansando, desgastando...¿Y sus efectos? Igualmente patologizados, a quien porte un malestar (¡Hay de aquel/lla!") que presente molestias o quejas por habitar en el mejor de los mundos posibles (Escuela, familia, trabajo, en los contextos actuales) serán igualmente vistos y oídos, disciplinariamente, señalados, diagnosticados y tratados en base a la normalización, por presentar dichos efectos (síntomas) se dirá que no tienen habilidades, que no cuentan con las competencias que el mundo, al escuela y la empresa, actual requieren, que, para poder ser funcional y buena persona, se le debe de quitar lo más pronto posible la tristeza, la depresión, la angustia, el llanto  por un amor, por una muerte, etc.; quedando las causas como el tratamiento, dándose un espiral de reducción y silenciamiento del sujeto del deseo, de la responsabilidad ante lo creado. 

Escuchar la insustituible singularidad implica sostener lo único en el otro y en sí mismo, seguir su experiencia, sus pistas, ver a donde nos conduce. 

 


 

Psicoanálisis itinerante

Un espacio para escuchar y responder desde la singularidad de cada vida y experiencia 

 

Recibida 8/08/2017

Buenas tardes. Me dedico a la docencia desde hace más de 20 años. Siempre he dicho que es la más grande satisfacción de mi vida, ¡me encanta enseñar! Pero desde hace a varios años, encuentro cada vez más difícil, poder realizar mi trabajo, cada vez es más difícil que los alumnos nos hagan caso, que sus padres participen en la enseñanza de sus hijos, además de que cada vez más estamos los profesores llenos de trabajo administrativo: tener que cumplir con los tiempos del calendario y las evaluaciones, en realidad se van llevando nuestras ganas de trabajar, de vivir nuestra vocación. Sé que es algo difícil, que es complejo todo esto, pero me gustaría saber su opinión al respecto, qué me recomendaría hacer.

Gracias

Atte. Profra B.

Comentario

Profesora, gracias por sus letras, cargadas todas ellas de experiencia y saber. De inicio, más que decirle algo en la línea de una recomendación sobre qué hacer, le felicito por sus años de labor en la enseñanza, así como por dar cuenta de sus experiencias en este espacio, dirigiéndome algunas preguntas, que trataré de responder.

Efectivamente como usted bien dice, las experiencias en la escuela, en particular en el aula, en la relación con nuestros estudiantes, nos hacen tomar noticia en carne propia, de los cambios en las formas de pensar la educación, el lugar del docente y el estudiante, así como la transformación en el lazo social con los referentes de autoridad que otrora funcionaran como organizadores (padres, maestro, profesor, médico, político, etc.) Estamos viviendo cambios a todas las esferas, en la forma de organización social más amplia, la forma de ejercer la política, de trabajar, de hacer negocios, de organización familiar, del amor de pareja, así como, en lo que nos ocupa, el campo educativo: hoy más que nunca no es posible ejercer la docencia, ni el aprendizaje -del lado que toca al estudiante, con los referentes culturales que otrora funcionaran de alguna u otra manera (ese pacto social amplio que existía entre generaciones, entre adultos respecto a la educación) gracias a lo cual hoy los profesores requieren re-inventar su forma particular de generar deseo por el conocimiento y lazo con sus estudiantes, ahí donde está un lenguaje y mecanismo industrial del conocimiento, una pura presentación y evaluación del material expuesto, como propuesta educativa imperante en la actualidad, junto al hueco de la tradición que antes bastaba con que alguien ocupara el lugar de docente, para automáticamente ser heredero/a de una investidura de autoridad, respeto y saber, que permitía ejercer la labor. Desde hace más de 50 años esa figura ha ido desgastándose, cayendo, con los correspondientes efectos en el campo educativo, en particular el cuerpo del docente, de ahí muchos de los malestares físicos y de salud que los maestros como efecto de no poder realizar su función básica: enseñar.

Ahora que habla Ud. de vivir su vocación, voy a ser un poco más práctico: toda vocación es un encuentro personal con algo de un objeto que nos sacude, nos hace vibrar de deseo por saber/dedicarnos a tal o cual actividad, no es algo que podríamos simplemente dejar de lado y hacer otra cosa, es algo vital, algo fundamental, que da sentido a nuestra vida, la expande, la amplifica. Son cosas que al tiempo que no podríamos dejar de hacer, precisamente porque responden a un deseo más profundo, no es algo sensible, que de un día a otro cambia, que se puede intercambiar o poner en serie con otro trabajo, sino algo fundamental. Bueno, algo así, es que puede ser tomado para recuperar, al tiempo que se reinventa una nueva forma de circular (enseñar) hoy en la docencia, ya que muchos de los docentes y escuelas con las que colaboramos gustan hacer un elogio nostálgico del pasado, de la tradición, esa que mencionaba anteriormente, que facilitaba la función de enseñar, pero que también –tenemos que reconocer- obstaculizaba el desarrollo de la crítica, la inventiva, la responsabilidad ante uno mismo, precisamente por ser heredera de las dictaduras, del pensamiento obscurantista y dogmático religioso, del sujeto disciplinario, de la uniformidad de cuerpo y alma, y demás etc etc., sin por ello plantear algo en el presente.

De ahí mi propuesta: tomar ese fundamental, ese innombrable de nuestra vocación como docentes, ese sentido que al hacer/sabe y encuentra, pero haciendo una operación nueva, algo que usted pueda inventar dado los alumnos y padres que tiene actualmente, pero no viéndolos como errores u obstáculos en su labor, porque ello nos lleva –me parece- de regreso al lamento actual y a la nostalgia infecunda del pasado, la cuestión sería ¿Cómo voy a mantener e inventar un lazo social nuevo con mis alumnos, primero para ud misma- algo de esa pasión singuoar de su vocación, aún y en ese contexto que experimenta, para ponerlo después en relación con sus estudiantes? De ese recorrido, podrá ir inventando nuevas formas de enseñar, al tiempo que se re-crea como maestra en cada acto, en cada gesto, en cada clase, no con las garantías inexistentes previas, de saber si “algo funcionará o no”, sino de una apuesta y riesgo, que permita conocer, escuchar al otro y así misma.

Saludos 

Atte. Camilo E. Ramírez

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Recibida 23/07/2017

¿Por qué a veces no se busca ayuda? Me refiero a atención psicológica ¿Por qué es tan difícil para una persona cambiar? ¿Reconocer que tiene un problema?

Comentario 

En el contexto actual, tiempo de la exaltación del propio "yo", "mío", del "auto" (auto-estima, auto-conocimiento, auto-comprensión) padecer un problema, para más de uno/a, puede sufrirse como una "herida" doble: por el problema en sí y la cuestión de que se cree que no se debería de tener, ya que eso indicaría que no se es lo suficientemente hombre o mujer, que no se tienen capacidades o habilidades, que no se manejan bien esos temas, por lo tanto buscar ayuda es visto como signo de debilidad, de ahí que se haga la negación y se prefiera sufrir solo/a por orgullo, añadiéndose ésto al sufrimiento que produce la problemática específica. 

Cada experiencia, cada persona se encuentra con sus propios obstáculos. El sufrimiento también funciona en otros momentos como protección para otras cosas. Por eso un problema se instala y dura tanto: por la función de protección para alguien, "gracias a ese problema siempre soy víctima del otro y de las circunstancias" Pudiendo siempre repartir (depositar) culpas en alguien más, entre muchas otras cosas para cada quien. 

Saludos 

Atte. Camilo E. Ramírez

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Recibida 20/07/2017

"Mi madre falleció hace algunos meses. Y desde entonces no puedo dormir. Además siento mucha culpa sobre su muerte. Gracias por su respuesta"

Comentario:

Mi más sentido pésame por el fallecimiento de su madre. Es una experiencia que, sólo quien está viviéndola, puede dar cuenta de lo que es, lo que significa, lo que implica, esa pena. Cada experiencia, cada vida singular, cada pérdida es única e irrepetible. Y desde ahí, podemos decir que no hay patrones, ni formulas, ni recetas de qué es y que no es, como vivir, atravesar por dicha experiencia de vida. Cuando decimos, "te entiendo", "a mi también me pasó lo mismo", estamos colocando una experiencia singular, que es única en la vida de alguien en una noción general y/o universal, lo cual no es cierto, ese "...me pasó lo mismo" es una cordialidad, que si bien se agradece, no puede ser tomada como lo que dice "lo mismo". En ese sentido, solo usted puede dar cuenta de lo que representó su madre para usted, lo que implicó tenerla, ser su hijo (la vida es la condición -todavía- de la filiación) perderla, transformar la relación con su fallecimiento. 

Cuando un ser querido muere nos plantea, además de esa experiencia y sufrimiento particular, un enigma: ¿Cómo vamos ahora a convivir con esa persona, con esa experiencia? Podríamos decir que comienza el tiempo de la memoria, de rememorar, de volver a vivir con sus recuerdos, con sus fotos, videos, escritos, con sus posesiones, su ropa...con todo eso que deja. Nos podemos volver un poco o un mucho, arqueólogos de la vida de nuestro ser querido, al tiempo que inventamos para nosotros, una forma de lidiar con ese dolor. Que por momentos padece de nostalgia (mostos: regreso, retorno, algia: dolor) dolor por un retorno, por un regreso. 

La culpa, esa que también es singular, ¿Cómo es en su experiencia? ¿Culpa de haber hecho o no realizado....?...La muerte es un corte en el tiempo, en la vida, todo el tiempo hay esos cortes, limites en la existencia, violentos, agresivos, que marcan un antes y un después, pero a veces no se ven, no se localizan con claridad, mucho de ello lo produce la sensación del tiempo, de la rutina, de la ilusión de seguridad y permanencia...Más que liberarnos de la culpa, que alguien nos diga, "no, no tienes la culpa" o que no la reafirme, "si, tu eres culpable de tal o cual cosa", la culpa es un efecto de algo, un mensaje -podríamos decir, que nos revela algo sobre nosotros mismos y la relación con las cosas, con las personas. Para des-afectarnos de ella, es posible siempre y cuando, respondamos en primera persona, no repartiendo culpas o justificándonos, explicando tal o cual cosa como si fuéramos agentes pasivos de nuestras vidas. Incluso la culpa misma se resuelve respondiendo por aquello que uno dijo o realizó, disolviendo su "persecución", señalándonos desde otro lugar, retornando, mirándola de frente y diciendo, "pues si, eso hice, eso dije...porque" explicando y asumiendo un papel activo. 

Saludos 

Atte. Camilo E. Ramírez

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Recibida 8/07/2017

"En la escuela se quejaban mucho de la conducta de mi hijo, decían que se portaba mal: que no hacía caso, pero eso no lo vemos en la casa. Cada semana nos decían que sucedía algo nuevo. Siento que las maestras ya se quejaban por cualquier cosa que hacía; me decían que hablara con él, que yo y su papá debemos de poner más limites, hacer algo. La verdad es que con nosotros nos obedece a la primera, no tenemos ningún problema con él. ¿Qué nos puede recomendar?  Gracias"

Comentario: 

Desde hace ya varias décadas, es práctica común de muchas escuelas y colegios, mandar reportes (Avisos, los hay en varios colores) a los padres, respecto al comportamiento de los alumnos. Los hay de conducta, aprovechamiento escolar, entre otros. En algunos casos incluso se solicita la presencia de los padres para una junta con maestros y directivos de su hijo/a, y personal de consejería o psicología, para hablar al respecto.

Debido a que el lazo social -el pacto, podríamos decir- entre los adultos respecto a los niños y alumnos, se ha terminado, se ha roto, el cual consistía en que los adultos consideraran ciertos principios básicos de formación y disciplina, tanto en casa como en la escuela, haciendo funcionar tanto a los padres y a los maestros, ambos ahora, se ven confrontados con la conducta de niños y adolescentes, quedando rebasados, “¡No sabemos qué hace ya él/ella!” –exclaman. A partir de tal desconocimiento del otro, requieren que alguien más no solo les interprete (señales de alarma, que significa tal o cual cosa, como puede resolver un problema, etc.) lo que sucede, sino les asegure lo que pasa y lo que hay que hacer. Ello incluso en la medicina es variable, pues cada diagnóstico se expresará de manera particular en la vida de una persona, en ese sentido también la medicina, como la docencia, es un abordaje caso por caso. En psicoanálisis consideramos que una dificultad, un "síntoma" más bien es una expresión de una singularidad que requiere ser reconocida, una forma de existir, para a partir de ello, crear algo. 

Como en toda práctica, a pesar de que en muchas situaciones puede mover una intención de querer ayudar al estudiante, se han producido excesos de detección (sobre diagnosticar) y referencia, por lo que siempre hay que tener claro:

a)    Qué es lo que ha estado sucediendo en concreto con su hijo/a, aquí deben describirle lo que hace, no el juicio moral, psicológico, etc. de lo que la escuela, el docente o el psicólogo cree que le está pasando.

b)   Cuáles son las medidas y estrategias didácticas que como maestros van a tomar, sea el caso, cuando el estudiante este en la escuela, ya que la estrategia no puede consistir solamente en detectar y referir al profesional, la escuela y el docente siempre pueden implicarse en lo que le sucede a su estudiante, ya que –como usted comenta, las dificultades que ellos mencionan se presentan ante el maestro. ¿En qué materia? ¿En todas las clases? ¿Con todos los maestros? ¿Hay alguna materia en la que no se presente lo que dicen que hace o dice? Esto es de vital importancia saberlo, ya que la tendencia es a tipificar un problema en el estudiante y generalizarlo, descontextualizando tanto el lugar, la situación y las personas ante las que hace tal o cual cosa; y de paso muchas escuelas, se des-responsabilizan de su papel formativo.

c)    Si tanto en la escuela como en la consulta con profesionales (psicólogos, psiquiatras, neurólogos, psicoanalista, etc.) solamente le describen con términos técnicos lo que “tiene” su hijo/a y lo que debe de hacer, y a usted no le queda claro, puede –y debe, si así lo decide- pedir que le expliquen a detalle lo que sucede y como poder colaborar con eso.

Es de vital importancia considerar que más allá o más acá de los términos y/o diagnósticos (psicológicos, neurológicos y psiquiátricos) que le puedan dar para nombrar eso que se dice tiene su hijo/a, la función de la escuela y la educación, tanto en casa como en el plantel educativo, no debe funcionar a través de la coerción, la vigilancia y el control (“¡que se le quite lo que hace!, ¡Que ya no haga eso porque si no lo vamos a correr!”, etc.) sino a través del conocimiento y comprensión de lo que está sucediendo en la situación singular. Una vida, como un problema en la escuela, no es una categoría, un concepto, un conjunto de sañales de alarma, una sospecha con pies y cabeza, un diagnóstico, sino una vida que, de pronto, se le presentó una experiencia, única e irrepetible, que requiere una escucha y observación, atentas al detalle de lo que está sucediendo, y no “meter” todas las experiencias en una sola tipificación, “problemas de conducta”, “bullying”, etc. gracias a lo cual se pierde la riqueza de la experiencia singular... ¿A qué obedecerá lo que hace o dicen que hace su hijo? ¿Qué causará, detonará en su caso singular, lo que hace o dice? 

Saludos 

Atte. Camilo E. Ramírez

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 Recibido 5/07/2017

"¿Qué es lo que debo hacer para resolver un problema de pareja? Hay tantas sugerencias, cada vez que le platico a alguien, me recomienda una cosa diferente. Ya estamos desesperados.

Muchas gracias"

Comentario: 

Las recomendaciones que alguien da, surgen de cómo-ven-ellos-las-cosas, como dice la sabiduría popular "cada quien habla como le va en la feria", aunque puedan darse con las mejores intenciones, son respuestas generales para preguntas particulares, como las que usted se ha hecho sobre usted o su relación. Ya que cada problema, así como su posible solución, solo podrán encontrarse en la singularidad de cada experiencia, persona, vida y pareja. Un gran problema es cuando se dan "estilo receta" sugerencias de qué hacer y qué no hacer ante tal o cual situación.

Pero, y si cada situación es única e irrepetible e implica de manera particular a quienes participan en ella, ¿cómo puede venir una "solución" desde un principio general? Hacer eso, implicará -en más de un sentido- forzar a la persona y relación a tener que ajustarse a patrones generales o de otras personas sobre qué hacer y qué no hacer, entonces cada pareja se adapta a algo, durante un tiempo hasta que "eso" sugerido o recomendado, se desgaste y fastidie, en lugar de responder de manera personal ante lo que sucede, creando "SU" solución para ello. 

¿Qué es lo que sucede a lo que se le llama, problema? ¿Qué es una pareja para usted? ¿Qué implica tener o participar de una relación? Esa desesperación de la que habla, ¿Es una posición de espera a que se solucione algo a modo? ¿Qué se piden? ¿Qué esperan cuando esperan?

Seguir las pistas particulares, los detalles de lo que decimos e imaginamos, posibilita de inicio, conocer a qué nos referimos cuando expresamos, “tenemos un problema de pareja" (¿Con la que tenemos? ¿Con la qué desearíamos tener? Encaminarnos a saber ¿Qué nos dicen (revelan) nuestros problemas "de pareja" sobre la relación, incluso sobre su posible solución o disolución, tanto del problema como de la pareja en sí, implica siempre un riesgo, una apertura, una apuesta y una creación. Ya que si lo que les han dicho no les ha permitido encontrar algo en la línea de la solución de su problema, entonces hay que inventar la solución, más que buscarla como “algo ya existente”. 

Saludos 

Atte. Camilo E. Ramírez

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Vidas cualificadas 

 

por 

Camilo E. Ramírez

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La idea de "calidad de vida" que es mencionada en diversos contextos (educativos, médico-hospitalarios, de mercado, político-social, etc.) consiste en ser una reducción de una noción tipificada de lo que debería de ser/tener/decir, etc. una persona para tener calidad en su vida, así como también valor, belleza, confort, éxito, etc.. Es decir, para que una persona posea calidad de vida, debe realizar ciertas acciones, ofrecidas desde una cierta forma de ver la vida y la moralidad. El sujeto que logra "encajar" en esos patrones, será aceptado como persona en ese lazo social determinado. En ese sentido para poder pertenecer, hay que entrar por la puerta de la alienación: dejar su singularidad afuera.

Ocurre a todos los niveles y contextos, se ofrecen nociones, actividades, gestos, de lo que es considerado a priori como normal/anormal, sano/enfermo, bueno/malo, sin la menor reflexión de su construcción histórico-social, ideológica, incluso pensando en el absurdo de absurdos, que la medicina, el derecho o la psicología son simples herramientas, competencias bien intencionadas, campos des-ideologizados, cosa por demás inexistente, pues se trata también de formas de pensar, de conceptualizar a los humanos, de entrar en relación con, de definirlos, tratarlos, etc. de reducirlos a concepto, cifra o cuadro.

Por tal, a la noción de "calidad de vida", que ofrece patrones únicos y rígidos para todos, es posible oponerle el de "vida cualificada", la cual opera de una manera única y diferente para todos: usted tiene una vida, y después, se ve confrontado/a/invitado/a a inventar su cualidad, a darle su sello particular; en esta noción de vida cualificada, cada sujeto crea algo y responde ante lo creado.

Partiendo de aquello imposible decir/hacer/crear...se pone en marcha una invención, una relación singular y subjetiva, con su existencia, que no admite ser sometida/medida a nociones "tipo"; pues una vida, el sentido de su vida, el sentido de su sufrimiento, de su malestar, no puede ser una categoría, un concepto, una descripción del deber ser, de un trastorno mental, educativo o social, sino una experiencia, que si trasladamos al contexto, único e irrepetible, del testimonio, puede mostrar-nos algo de "eso" que no tiene lugar en la nomenclatura, en el casuística, en la cura tipo, y que es justamente la materia prima, para inventar una vida singular, una vida cualificada.