Trastornos alimenticios en adolescentes       

 

 

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Camilo E. Ramírez

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La adolescencia es una etapa de la vida caracterizada por cambios en varias dimensiones: a nivel biológico, debido a la maduración inherente de la pubertad, se transforma el cuerpo infantil, desarrollándose los caracteres sexuales primarios y secundarios, entre otros; a nivel familiar y social, los intereses y aficiones se modifican, produciéndose un distanciamiento –con las respectivas variantes de cada sujeto, contexto familiar y sociocultural- del círculo familiar, predominando ahora las relaciones con los grupo de iguales. Aparece la necesidad de dar un sentido diferente a la existencia, ante la nueva realidad experimentada, así como una mayor conciencia sobre la vida social, política y laboral; la frustración y el idealismo por el cambio, pueden tomar un rol predominante. 

Uno de los intereses de los adolescentes –se reconozca o no de manera consciente- es encontrar una forma de existir con cierta distancia del ámbito familiar, para lo cual intentarán nuevas formas de pensar, estilos diferentes de vestir, de divertirse, todas ellas un poco más lejanas a lo infantil asociado con el ámbito familiar; intentando autentificarse, ser adultos sin todavía serlo del todo. Habrá padres que permitan dichas transformaciones, con ciertas libertades y reservan, así como quienes verán en la adolescencia una etapa más a colonizar en todos sus aspectos, dictándole al hijo/a lo que hará, pensará, vestirá, decidirá. Por supuesto tal extremo, impediría la exploración de las opciones que los adolescentes van considerando.

Las respuestas y posiciones de padres y/o tutores, más efectivas, tendrán que incluir necesariamente una estructura que permita, y en mucho caso tolere a distancia, las rarezas –para los adultos- de lo que sus hijos adolescentes hacen o no hacen, a fin de poder, en otro momento, dialogar al respecto sobre lo que sucede.

A pesar de que el hijo o hija adolescente, parezca que no escucha o no entiende lo que sus padres le digan, éstos pueden y deben hablar con ellos sobre el sentido de lo que está sucediendo, las implicaciones, los efectos, la responsabilidad de los actos, la audacia y sentido crítico que deben desarrollar ante las múltiples experiencias de la nueva etapa, tales como noviazgo, sexo, cuidado ante situaciones de crimen y ciber-crimen, organización del tiempo y aprovechamiento de los recursos dispuestos, entre otros. Sin que impere una atmósfera de miedo y persecución, sino de apertura y enseñanza, a fin de que los adolescentes sientan la confianza de ser escuchados ante sus preocupaciones e inquietudes.

Una de las inquietudes más comunes de los adolescentes suele ser la imagen del cuerpo, ya que ante las transformaciones del cuerpo infantil y los nuevos intereses sobre el amor, el noviazgo y el sexo, les llevan a intentar ser reconocidos y valorados por su grupo de amigos/as, sea mediante la ropa y demás accesorios, como por el haber desarrollado una determinada estética física, mucha veces en contra de nociones básicas de salud, para poder “ser alguien importante”. Dicha vorágine y preocupación por el culto a la imagen del cuerpo se presenta en diversas personas y grupos sociales, de manera específica, en la etapa adulta, por ejemplo, hay quienes sufren desesperadamente por impedir lo inevitable del paso del tiempo en su cuerpo, sometiéndose a cirugía tras cirugía y demás procedimientos plásticos, al punto de la desfiguración, por sostener la idea que solo la juventud es belleza y una específica y valorada en cierto parámetro por la cultura imperante. Pero a diferencia de la infancia, donde la estabilización de la vida al momento de nacer, la maduración, el aprendizaje y el juego, jugarán un rol predominante y la etapa adulta, en donde se pueden considerar otros aspectos en términos de la realización personal, los adolescentes son más vulnerables, por la susceptibilidad de su momento crítico de cambio,  de volverse esclavos del consumo de determinada lógica de consumo, sea una marca, forma de ropa, estilo de vida, pues es como si el mismo mercado se ofreciera ante ellos como “Esas enseñanzas” con las cuales deshacerse un poco o un mucho, de los padres, emanciparse de ellos, entre comillas, pues dicha emancipación, que el mercado les ofrece, en cierta forma a los adolescentes, es a condición de someterse a sus nuevas reglas, donde se incluye el culto por la imagen, con la ilusión de que tener algo es la vía para conseguirse un ser. Dialéctica que más que producir un ser genuino para desarrollarse, vacía al sujeto, pues consume a quien consume, ya que si la existencia se basa en consumir un tal o cual producto o imagen sin mediar critica alguna, se permutan objeto y sujeto, pasando de la ilusión de comprar y poseer el producto a ser yo mismo el producto de consumo, sujeto a ser desechable. En el caso de los mal llamados trastornos alimenticios, por ejemplo, no es la comida el problema, sino el contexto sociocultural que ha puesto al sujeto en relación con la comida de una forma particular, quien finalmente se desecha/revela ante la comida, como efecto de la misma,  en un intento de revertir ese engañoso slogan postmoderno de “Eres lo que comes”. Pues ni se es lo que se come, ni tampoco la forma del cuerpo dicta tal o cual valor o importancia de las personas puestas en relación.

 

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PSICOANÁLSIS: curarse, hablando

 

 

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Camilo E. Ramírez

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El sujeto del que se ocupa el  psicoanálisis es el sujeto del Inconsciente, sujeto que se hace decir (metafórica y metonímicamente) en los síntomas, en los sueños, lapsus, olvidos, chistes y problemáticas que se van padeciendo y arrastrando durante la vida…sujeto que se teje en su lenguaje, del cual el individuo experimenta no saber nada,  aparece la duda sorprendiendo: ¿Qué me pasa? ¿Por qué me sucede siempre esto? ¿Qué puedo /debo hacer ante lo que se me presenta en la vida? Deber, no en tanto, orden venida desde afuera, ajena a mí, sino como posibilidad de solución.

 

Desde tiempos inenarrables la palabra ha sido, además de herramienta, bálsamo sagrado: expresión de conjuros (maldiciones, bendiciones) símbolo, elemento curativo que calma y construye realidades; vehículo y herramienta  del pensamiento, hacedora de sentimientos. Las palabras tejen realidades, incluso algunas tribus sudamericanas utilizan la misma palabra para designar hilo y lenguaje, pues “el tejido no es otra cosa que un texto” (Ana Baños, revista Textura, 2006) Así, habitados por el lenguaje, las palabras nos arropan y nos van tejiendo e hilvanando; nadie las posee, solo son, nos pre-existen y construyen, lo mismo que nos enredan y desenredan.

 

El psicoanálisis -inventado por Sigmund Freud- hace su descubrimiento e invención a partir de LEER en el cuerpo, los sueños, las fantasías, los olvidos, los errores al hablar, los padecimientos… otros sentidos cifrados; planteándose la cuestión central de que dicen cosas, comunican algo, pues portan un decir, que quien lo porta no sabe nada; sino más bien, titubea, flaquea, busca y no encuentra. A eso que expresa un Saber, sin saber que se sabe, le llamó Inconsciente. Por lo tanto “El Inconsciente es un Saber estructurado como un lenguaje” (Jacques Lacan) lenguaje, al que puede írsele encontrando su forma de tejido particular, el cómo se articula en la producción de lo humano: la subjetividad compartida, la forma de ser, pensar, la identidad, etc.

 

Si al hablar se tejen realidades que expresan lo que se vive y padece, se piensa y se siente; lo que se desea hacer, es sobre ese tejido del decir, que el cuerpo también participa, expresando sentidos, así como ha dicho Freud sobre el soñante “Es como si soñara en otra lengua” (Interpretación de los sueños, 1900) una lengua hecha de imágenes y secuencias, con la lógica de una metáfora y metonimia particular, en donde en los sonidos de las palabras que van tejiendo la narración del sueño “resuenan” otros sentidos cifrados en las mismas palabras, como al decir “Sueño con una mecedora a un lado mío, entonces hay tres personajes, pero es como si hubiera uno solo…” se identifica el “Me-cedo aún y tres personajes”  Ese sentido, aparece por un giro de sentido producto de la multi-significación de las palabras, hechas sonidos que se enlazan (tejen) a otros, como en los chistes y el humor:  un elemento sugiere (sorpresivamente) otro, produciendo la risa y el sentido que ya estaba contenido en la frase, pero porque no se le había leído de esa forma, no se lo había visto, como el Saber Inconsciente, que está en la superficie cifrado articuladamente, y que puede leerse; eso es la Asociación Libre: un ir tejiendo sorprendiéndose con lo que “se va” tejiendo como sentido encontrado, que resuena; puesto que al hablar también escuchamos, “nuestro” decir se vuelve algo aparte, es el decir que me comunica algo, como la experiencia de ir hablando y hablando y que nos vayan “cayendo los veintes”.

 

 Al ocuparse el psicoanálisis del sujeto del Inconsciente, que porta un Saber que es un lenguaje que el sujeto no sabe (ignora) y que precisamente “el hacer consciente” implica tomar nota del mensaje cifrado (tejido) en los sufrimientos, los sueños, los dichos, los olvidos, los errores…es que se introduce una nueva forma de escuchar: ya no se trata de escuchar (interpretar) los procesos del organismo, el estado de su anatomía, los signos y síntomas, como expresión de una enfermedad, sino de escuchar un cuerpo que se hace decir, expresa y habla de una forma particular –es un lenguaje- y que para cada cual será diferente. Por ello el psicoanálisis no puede reducirse a formulas y explicaciones generalizantes de lo humano (explicaciones estadísticas, neurológicas y genéticas) sino al estudio y escucha del caso por caso: el ir tras la escucha del mensaje deseante que se cifra de una manera singular en el cuerpo, los sueños, la fantasía, los olvidos, los lapsus, los chistes, el pensamiento, el hacer y el decir. 

 

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!Los niños no nos hacen caso!

 

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Camilo E. Ramírez

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“¡Los niños no nos hacen caso!” A menudo escuchamos decir a padres de familia y maestros, por igual.

En cada uno de esos reclamos hay un sinfín de ideas y explicaciones, tanto del por qué los niños y adolescentes no hacen lo que los adultos les piden, como “recetas” a seguir para conseguir el tan ansiado objetivo de que hagan caso. La primera pregunta que planteo ante tal queja es ¿Y por qué tendrían que hacernos caso?

Si estamos diciendo que los niños y adolescentes deberían hacernos caso, sería bueno poder  exponer las razones por las cuales damos por hecho que eso es “lo que deben hacer los niños: hacernos caso”; que ello está en su identidad, en su naturaleza de ser niños: obedecer. Tal pregunta casi siempre desconcierta a quien la recibe, como si fuera algo obvio para todos los adultos. Después de trastabillar, recitan una serie de ideas en relación a “el deber ser” de los niños; que si esa es su responsabilidad, que es lo mejor para ellos, hasta unas explicaciones plagadas de cientificismo y psicología, sobre el aprendizaje, el desarrollo cerebral y demás datos que buscan validar nuestras posturas, algunos ya en la desesperación dicen que una familia es un equipo o una máquina,  y que si cada pieza hace una cosa, todo funciona bien, que esto es debido a que todos están rebasados de tiempo, cansancio y pendientes. Ok, todo eso vale y es comprensible, que usemos los elementos que tenemos a mano para poner las cosas a modo, pero la pregunta sigue dejándose en el aire ¿Por qué deberían de hacernos caso los niños y adolescentes? Y podemos añadir otra, ¿Por qué no hacen caso los niños y adolescentes?

Hicimos las preguntas, medio las contestamos sin reflexionarlas a detalle, pero –y lo que es peor- les añadimos un supuesto modelo ideal del deber ser de los niños y adolescentes, a partir de lo cual cada desviación que se salga del promedio, será catalogada como error o indisciplina. Sería más honesto decir, como adultos, que si los niños y adolescentes les hacen caso a sus padres y maestros, sería más fácil la vida y labor para estos últimos. En ese sentido, que un niño o un adolescente no les hagan caso a sus padres y maestros, es, de entrada, una contrariedad para los adultos, así como una confrontación con las ideas y conceptos (prefabricados e ideales) de lo que el otro supuestamente tendría que ser y hacer. Parte de la violencia y enojo de padres y maestros, se origina en una visión ideal del otro, de lo que debería ser y hacer y no encuentran. De ahí la idealización sea el principio de la violencia, debido a que deja fuera el escuchar y recibir al otro, con todas sus características, para priorizar la evaluación, es decir, el enjuiciamiento mroal-ideal.

La idea o concepto de lo que el otro debería ser o hacer, es la base de cualquier forma de violencia. Lo cual produce -es comprensible y hasta celebrable- el no cumplimiento. (Habría que preocuparnos estar bien adaptados a normas y criterios absolutistas) Los niños y adolescentes no hacen caso –podríamos hipotetizar- debido a que quienes les hablan les ordenan hacer algo,  parten del supuesto que ellos deben de cumplir, principio que genera en ellos ganas de no cumplir. Ya que en el pedir está el dar –advierte la sabiduría popular. En conclusión, podríamos plantear, que lo niños y adolescentes no vienen al mundo a obedecer, si se les plantea esto, es el inicio, necesario y hasta cierto punto saludable para ellos, de no hacer caso. La guía y le enseñanza de padres y maestros, que ofrece objetos de conocimiento, formas y herramientas de enfrentar  la vida y los problemas prácticos, debe suplir la orden del cumplimiento. Los modelos educativos del llenado de requisitos ser abandonados para promover el aprendizaje y trabajo activo, como medio de desarrollarse y llegar a ser lo que alguien quiere ser, no lo que le es impuesto desde afuera como una orden, so pena de castigo si no lo cumple. Hacer eso implica formar esclavos.

La función de los padres y maestros no puede reducirse a dar órdenes para que los demás obedezcan, hacer esto es despojar de la riqueza particular del vínculo entre padres e hijos y maestros y alumnos, verlos sólo como máquinas o mecanismos que deben cumplir los requerimientos de su programación y competencias, ser eficientes; justamente conducirnos a la antesala del estrés y burn-out, que parten de la noción de eficacia ideal. Con la lógica de, si el otro cumple de manera eficaz con  lo que le pedí, entonces la línea de producción no se detiene y sus errores son anticipados, no generándose molestia alguna, pero si lo que el otro hace, dice o es, es interpretado como una falla o error, entonces “eso” que el otro hizo diferente, será perseguido para modificarse de acuerdo a un plan de programación (parental y educativa) haciendo que precisamente, hacia ambas partes, todos se sientan solos y muy atareados en el convivir, pues se ha cedido la voluntad a esas estructuras de inspiración moral-industrial que buscan producir sujetos en serie. Hacer algo diferente, implica que eso considerado como error (lo que no se ajusta al plan ni al concepto ideal, de sí mismo y del otro) se le dé una vuelta y sea re-interpretado como una posibilidad creativa que hay que explorar, un rasgo singular a conocer.

www.camiloramirez.com.mx


 

 Fin / principio de año

 

 

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Camilo E. Ramírez

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Implacable es el tiempo que va avanzando sin cesar, sin importarle nada. Pase lo que pase, no se inmuta, ni titubea. “No hay fecha que no se cumpla, plazo que no se venza, ni deuda que no se pague” –advierte la sabiduría popular. “Un día que ya figura en el calendario, alguien también cancelará mi nombre” Dice José Emilio Pacheco refiriéndose al momento de nuestra propia muerte. Pero, como dice Charles Schulz en boca de Snoopy, “…pero todos los demás días, no (moriremos)”

Hay algo de fin en cada principio y viceversa. Los gérmenes de uno ya están en el otro. El fin lleva la carga de lo que ha sucedido, así como la expectativa de aquello desconocido por venir. Pero el tiempo también juega con bloques de repetición, como si el humano se resistiera del todo al puro discurrir, creando patrones y ciclos (de movimiento, pensamiento…) estribillos dentro del caos polifónico del día a día, que hacen por momentos, sentir algo de firmeza y orden; una repetición controlada, lo mimo que expresa un concepto como un diseño de espacios y ciudades, que dan la atmosfera de lo inmutable. Hasta que algo del orden de lo real se cuela por alguna grieta tanto del concepto como del muro, para palpar la mano invisible del tiempo transformándolo todo. “…a donde cae la semilla, acude el agua” (Jaime Sabines)

Se es, se fue, se será, tiempos que producen cortes imaginarios en el tiempo, intentando capturar un imposible de definir y fotografiar. Pues, “dentro de nosotros hay algo que no tiene nombre, y eso es lo que somos” (Saramago) Algo que de un orden e ilusión de ser, desde el nombre y la identidad, pasando por la ropa y los gustos, una a una la ilusión de ser y existir en ciertos referentes, se conoce y se desconoce, ya no son las mimas imágenes la que dan soporte a la existencia, hay que elegir nuevas, cuando no inventarlas. Crear ahí donde no había nada.

El pensamiento pesa. Y como cualquier peso, produce una fuerza sobre un objeto, atrayéndole a otro de mayor masa.  En el agua, para un barco, por ejemplo, un peso puede ser un ancla, que permita descansar a la embarcación,  para una persona, causa de ahogamiento. De la misma forma los pensamientos, en tanto cadenas de ideas, lo mismo sujetan, dando estructura a la mente, organizando la vida, el cuerpo y las relaciones, como otorgan pesadez, al dar a la vida los horizontes aparentemente exclusivos de lo posible, creando la ilusión de fronteras inquebrantables, haciendo que la ligereza desaparezca, de ahí que en muchas prácticas, se busque degustar algo de lo imposible: prescindir a voluntad del pensamiento, o al menos advertir sus circuitos y espejismos, como lo experimenta alguien cuando emprende un psicoanálisis, poniendo en jaque a sus palabras y pensamientos, ver de qué están hechos.

El fin que es principio, el año que acaba y el que comenzará, es la posibilidad de transitar por el cierre-apertura de un tiempo arbitrario con el cual medimos el discurrir y el tiempo, con la ilusión de volver a comenzar un año más. Con la condición de que el tiempo se va dejando atrás, sosteniendo la vida en eso único, sublime y fugaz a la vez, el instante. 

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Solvitud ambulante: el deporte, la imaginación y sus retos  

 

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Camilo E. Ramírez

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"Es en el juego y solo en el juego, que el niño y el adulto, como individuos, son capaces de ser creativos y de usar la totalidad de su personalidad, y solo al ser creativo,  el individuo se descubre a si mismo"

Donald Winnicott

 

Practicar una actividad deportiva, ya sea ésta de esparcimiento o diversión; con características amateurs o profesionales, implica, por un lado, preparación en la técnica a ejecutar, como diversos objetivos. Dichos objetivos orientan al deportista hacia metas claras y definidas: ganar, destacarse entre los participantes. Vincent Lombardi, famoso coach de football-americano decía que ganar no era lo más importante, sino lo único. Ciertamente, como objetivo siempre está presente en quienes se encuentran “luchando” en una competencia, aún y en aquellas denominadas de exhibición o amistosas. De tal forma que la técnica de ejecución, mencionada anteriormente, tendría que modelarse en el deportista a fin de lograr los objetivos planteados: ¡Ganar!. Ya sea para calificar para un torneo, para una olimpiada, pasar a la siguiente ronda eliminatoria, o simplemente por diversión, un domingo por la mañana.

 

Dicho objetivo, aunque se expresa fácil y lógicamente: que la técnica tienda hacia resultados efectivos, es decir “ganar”; ya en la práctica no lo es tanto. El desarrollo de dichas habilidades de ejecución técnica: el cómo hacerle, el método, se va adquiriendo y moldeando por diferentes procesos. Estos poseen cada uno su grado de complejidad. A continuación se describen algunos de las implicaciones en dicho aprendizaje:

 

A) LA IMAGEN COMO ANTICIPACIÓN: los deportes, las profesiones y ocupaciones... -por no decir las actividades humanas en general- poseen cosas en común, una de ellas: el ser humano por su carácter de inmadurez, posibilita experiencias de aprendizaje a partir de que otros las realizan. Por la observación de un cuerpo, o de varios cuerpos realizando una actividad, por ejemplo un deporte, bailar, las modas, inclusive la adquisición del lenguaje mismo, etc., se realizan a partir de que se ve y escucha a otros. De tal forma que las personas, en principio, deciden qué emprender a partir de haber visto a alguien realizando dicha actividad. Pareciera que ese deporte, esa actividad eligió a la persona, cautivándola, encantándola. Haciéndole “verse”, e imaginarse anticipadamente a sí-misma realizándola. Es cuando aparecen en los niños (y en los no tan niños) dichos como: “Yo soy... p.ejm. Tigre Woods, Bekcham, Ronaldiño...” (los modelos cambian de tiempo en tiempo y de actividad en actividad, cada quién utiliza distintos, sea de deporte, o de trabajo de oficina)

 

B) EL AJUSTE DEL CUERPO: ahora, el trabajo es queel cuerpo, lo que se piensa y desea, tienda a ajustarse con la imagen que se adquirió y que se vaya moldeando por la retroalimentación de la propia ejecución y la de los demás, así como por lo que se escucha de parte del entrenador, etc. En ese sentido muchas personas que se habían decidido a realizar una actividad deportiva, advierten que aún y que se hallan imaginado realizándola, al momento de emprenderla pierden el interés. Ya sea porque se desesperan en el ajuste de la técnica en ellos y por ende no “ven” resultados inmediatos, como también, al darse cuenta del esfuerzo que implica. En pocas palabras es fácil imaginar muchas cosas sin tanto esfuerzo, sin embargo ante la realidad del cuerpo y de la disciplina que se requiere invertir, se abandona. En tiempo de olimpiadas, todos queremos ser deportistas, un domingo cualquiera, por la mañana, difícilmente muchos. En este punto parece que, actualmente más que antes, el esfuerzo se considera de otras formas. Cambios de imagen instantáneos, sin mucho esfuerzo; modificaciones del cuerpo casi sin batallar (batalla, lucha, contienda). Sin embargo cualquier persona que haya practicado un deporte, pasando de forma paciente (aún y cuando la desesperación se haga presente) y arduamente desde su aprendizaje básico, entrenamiento, hasta cierto dominio o maestría, sabrá que el tiempo y el esfuerzo conjugados con su persona, su vida, son elementos que hacen difícil determinar en días, meses, años, cuándo se sabrá realizar algo: sólo realizándolo se sabrá.. En ese sentido, de alguna forma las criticas que algunos deportistas realizan hacia ciertos comentaristas estarían justificadas.

 

C) CULTURA, CONTEXTO, PREJUICIOS: si le preguntáramos a alguien (así como muchos chistes que existen, en donde el Mexicano siempre gana por ser “ocurrente” o “chilero”) ¿quién ganaría en xdeporte, un mexicano o un norteamericano, alemán...? La respuesta casi siempre es clara. O por otro lado ¿cómo entender que ahora los equipos de fútbol incluyan arduamente el entrenamiento de penaltis?, ¿Cómo olvidar aquellas imágenes de nuestra selección mexicana frente Alemania, EUA...? etc. por mencionar algunas. Como estas bromas, las imágenes de la derrota  -“lo apenitas”- pareciera que tienen su sombra puesta en el deporte nacional mexicano. Por ello deportistas, como Hugo Sánchez, Raúl González, Soraya, Ana Gabriela Guevara, la maratonista Challito (quién además combina sus actividades deportivas con la venta de periódicos en el DF), Eduardo Nájera, -entre otros- sorprenden tanto, pues rompen los modelos, “LAS IMÁGENES” que anticipan la derrota, los segundos lugares, lo difícil que es abrirse paso, patrocinio... etc. O simplemente, el pensar que las habilidades y el éxito son solo de unos cuántos.

 

Y como la imagen que se tiene de sí-mismo moldea lo que se consigue en la “realidad”, es que la persona puede tender hacia la adquisición de habilidades y desarrollo de técnica, así también dichas imágenes  pueden “atrapar” al deportista haciéndolo encontrar efectivamente los resultados que no quería. Muchas veces sin advertir que en el camino fue poniendo los medios para lograr “eso”, que al final no le agradó. Atribuyéndole –en algunas situaciones- su “derrota” a factores de otro tipo, que pareciera nada tienen que ver con él o ella: clima, arbitraje, referees, equipo, entrenador... (Ciertamente cada uno de estos elementos participa de alguna forma)

 

En ese sentido la cultura, el contexto, funciona en ocasiones como prejuicio. Juicios anticipados (como las imágenes de verse a sí-mismo), previos a emprender alguna actividad deportiva. Por ejemplo en nuestra ciudad, se ha escuchado muchas veces que jugadores de fútbol no quieren venir pues se hacen mediocres. Al parecer algunas cosas están cambiando desde hace algún tiempo, acerca de como se percibe el deporte local en particular y los deportistas mexicanos en general. Pasando a otras imágenes en donde los medios de comunicación: la Internet, televisión, etc. van moldeando una cultura global. Las fronteras deportivas, así como los modelos se van compartiendo de diferente forma. Anteriormente, se podía asociar casi instantáneamente un país con ciertas habilidades para realizar un deporte específico, por ejemplo: Cuba,  baseball, atletismo; Rusia, levantamiento de pesas y lucha; EUA, atletismo, gimnasia, clavados y football-americano; Canadá, gimnasia; Polonia, gimnasia; Alemania, football; México, fútbol, box y lucha libre, etc. Ciertamente las condiciones culturales y climatológicas participan en la predilección de un país por un deporte en particular. Sin embargo hemos visto la fuerza de las imágenes que anticipan en alguien, que cautivan, para decidirse a realizar un deporte. Por ello se puede ver desde hace algún tiempo a jamaiquinos compitiendo en trineo en olimpiadas de invierno, mujeres jugando football, box, basketball, billar, etc., gente de clase media y baja jugando golf, tenis, deportes que se suponían exclusivos, personas con diabetes escalando montañas, llegando más alto que muchos otros, gente de la llamada tercera edad realizando deportes extremos, etc. Dichos modelos se multiplican. Mostrando que los límites son relativos a lasIMAGENES. Están ahí, sólo se requiere tomarlas. Con su respectivo costo de esfuerzo, dedicación, desgaste, tiempo, dinero... (n)

Así, tenemos que las imágenes que anticipan  y orientan la adquisición de habilidades para realizar algo, en el caso un deporte, interactúan en un cuerpo, al cual ha de habituarse a diversos movimientos. Aprendiéndolos  desde diversas estrategias: la observación, imitación, retroalimentación del entrenador, compañeros... así como las que la propia persona va desarrollando, creándose un estilo que, a la vez que es compartido -pues así se ha adquirido- logra desarrollarse individualmente en dicha persona. Así, la técnica y ejecución de la misma, varían de una persona a otra, de ahí lo grandioso y amplio del deporte.

Por otro lado la cultura forma parte del contexto que dota al deportista de imágenes que van formando su identidad. Al mismo tiempo que le permiten saber algo acerca de ¿quién es?, En ocasiones lo atrapan, dificultándole el desarrollo presente. Sin embargo es posible que el deportista (re)construya en su hacer otras formas de identificarse y de que lo identifiquen tanto individual como colectivamente, obteniendo resultados distintos, ¡mejores!