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¡En casa no es así!

 

Camilo E. Ramírez

 

 “Nadie sabe lo que tiene hasta que se cambia de casa”

Anónimo  

  

La pandemia del coronavirus nos ha dado un sinfín de lecciones. A lo largo y ancho del mundo, de lo macro a lo micro, gobiernos, empresas e instituciones educativas, públicas y privadas, así como familias y diversas personas, hemos recibido un revés respecto a las formas en las que estábamos viviendo y operando; la lección aún continua. Para quienes logren tomar nota de ello, este tiempo podrá no haber sido en vano, de lo contrario, este trauma mundial, no habría servido de mucho.

Por su parte, las escuelas han tenido que adaptarse a la modalidad de educación a distancia, por lo que se han dispuesto rápidamente, plataformas, cursos y conferencias de capacitación para docentes, directivos, estudiantes y padres de familia. No es lo ideal -se coincide- pero es lo que se puede hacer para continuar con los cursos. Lo mismo que en los centros de trabajo se labora desde casa y/o con horarios escalonados. Para proteger la salud las interacciones migraron al contexto de la virtualidad.

En el caso de las escuelas se ha generado una experiencia sinigual, inédita: que los padres de familia convivan con sus hijos más tiempo. Esto ha representado para muchas familias un aumento de tensión y estrés, y en algunos lamentables casos, violencia y agresiones. Para otros, el tiempo de la pandemia ha posibilitado la experiencia de re-conocer, más directamente, las formas de ser de los hijos. Se ha invertido aquella expresión-respuesta de los padres de familia a las llamadas de atención de los maestros respecto al comportamiento de sus hijos en la escuela: “¡Que raro profesora en casa nunca se comporta así!”. Ahora, son los padres quienes se sorprenden de lo que hacen y dicen sus hijos, ante unos maestros que agradecen que se les reconozca algo de lo que venían hablando desde ya tiempo, y se les ignoraba. Al tiempo que se les reconoce aún más la importancia de su función y todo el trabajo que realizan día a día. “¡Que raro señora/señor, en las clases virtuales su hijo no hace eso!”

Precisamente porque ahora son los padres de familia quienes podemos ver y experimentar el comportamiento de nuestros hijos 7/24 (¡Nadie sabe lo que tiene hasta que vive una pandémica con esas personas!) constatar algo de su forma de ser, carácter, capacidades, habilidades y dificultades, podemos tener un conocimiento más amplio de ellos. Ello aporta muchos elementos, por ejemplo, saber que la interacción con los padres es de vital importancia para los niños y adolescentes, que el trato y el ambiente familiar son los que forman y moldean predominantemente y no tanto las ordenes, gritos y castigos, sino el estar ahí, interactuando, pues es justamente en ese trato, día a día, donde se genera la crianza y la formación; una mejor articulación y relación con las escuelas y los docentes. Después de la pandemia, padres y maestros, valorarán mejor las funciones del otro. Definitivamente la pandemia ha puesto a prueba la paciencia y la creatividad como nunca, para inventar soluciones a pesar de lo adverso de las circunstancias, e innovar otros tantos hábitos y procesos.  

 

*Editorial publicada en el periódico El Porvenir (23.09.2020)